¿Y si México regulara la publicidad alimentaria en el espacio público? Lo que podemos aprender de Ámsterdam

 

 

Ámsterdam aprobó una medida que restringirá la publicidad de carne en espacios públicos y transporte a partir del 1 de mayo de 2026.

No se trata de prohibir la carne.
Se trata de regular su promoción en el entorno público.

Esta decisión ha generado debate internacional. Pero más allá de la polémica, abre una conversación necesaria:

¿qué papel juega la publicidad en nuestras decisiones alimentarias?

La publicidad no es neutra

El espacio público no es solo un lugar de tránsito. Es un espacio que comunica.

La evidencia muestra que la exposición constante a ciertos productos influye en lo que percibimos como “normal”. La publicidad forma parte de lo que en salud pública se conoce como entorno alimentario: el conjunto de señales, accesibilidad y mensajes que influyen en nuestras decisiones.

Un ejemplo claro proviene de Londres. Tras restringir la publicidad de alimentos altos en grasa, azúcar y sal en su red de transporte público, se observó una reducción aproximada del 6.7% en compras de estos productos. (1)

Las políticas de entorno sí influyen.

La urgencia climática

Además del componente de salud pública, existe un argumento ambiental.

La FAO ha documentado que la ganadería contribuye de manera relevante a las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Estudios recientes estiman que, en promedio, los alimentos de origen animal tienen una mayor huella ambiental que los alimentos de origen vegetal. (2) En este contexto, regular la publicidad no es ideología. Es coherencia entre objetivos climáticos y mensajes públicos. 

¿Cómo podría aplicarse algo similar en México?

Si México decidiera abrir esta conversación, no tendría que comenzar con prohibiciones generales.

Un enfoque gradual y realista podría incluir:

• Pilotos en espacios bajo control público (Metro, Metrobús, paradas de transporte).
• Restricciones iniciales a productos con mayor impacto ambiental o perfil nutricional crítico.
• Evaluaciones periódicas del impacto en percepción y consumo.
• Alineación con estrategias nacionales de salud pública y cambio climático.

El objetivo no sería decirle a las personas qué comer.
Sería revisar qué mensajes promueve el espacio público y si estos son coherentes con los compromisos de salud y sostenibilidad del país.

La pregunta de fondo

Hace décadas, regular la publicidad del tabaco parecía radical.

Hoy lo entendemos como una medida de salud pública.

La discusión no es si alguien puede consumir carne.
La discusión es si el espacio público debe promover activamente ciertos consumos mientras hablamos de prevención de enfermedades crónicas y transición climática.

No es prohibición.
Es coherencia estructural.

Regular el entorno no elimina la libertad individual.
Pero sí reconoce que nuestras decisiones no se toman en el vacío.
El entorno también decide.

Información de referencia: 

1. Transport for London’s junk food advertising restrictions linked to reductions in high fat, salt and sugar product purchases [Internet]. LSHTM. Available from: https://www.lshtm.ac.uk/newsevents/news/2022/transport-londons-junk-food-advertising-restrictions-linked-reductions-high

2. Kristiansen S, Painter J, Shea M. Animal Agriculture and Climate Change in the US and UK Elite Media: Volume, Responsibilities, Causes and Solutions. Environmental Communication [Internet]. 2020 Sep 7;15(2):1–20. Available from: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7929601/